La hegemonía del capital financiero, lo que algunos denominamos financiarización para poner el foco en el sentido del proceso de valorización y apropiación del capitalismo actual, y otros denominan mercantilización o privatización para subrayar los mecanismos mediante los que opera, ha incorporado a las grandes corporaciones (no sólo financieras) como actores fundamentales de la globalización.

Para que las Empresas desplacen a los Estados en sus funciones y se liberen de las restricciones que estos les imponen como consecuencia simultánea de las conquistas sociales del siglo XX y de las propias necesidades históricas del capital industrial, el proyecto ideológico y político totalizante del neoliberalismo exige la libertad de empresa, la estabilidad financiera y de precios y la competitividad empresarial. Y unos Estados residuales que garanticen las reglas de juego y acudan en salvamento del sistema cuando peligre como consecuencia de la especulación o de los conflictos sociales.

El mercado aparece como el instrumento de articulación global en el que opera la competitividad y la política junto a las instituciones sociales del Estado de Bienestar quedan arrinconadas en un papel residual de legitimidad : la ciudadanía empresarial suplanta en las decisiones estratégicas a la ciudadanía política y a las decisiones colectivas.

La construcción europea y la creación del euro, concebida antes de 1939 y puesta en práctica progresiva desde 1948 es un ejemplo histórico contradictorio de esta estrategia; la evolución del modelo anglosajón desde finales de los años 70 es otro.

Centrarse en la competitividad es intentar desentrañar la ofensiva del capital desde uno de sus pilares estratégicos.

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