La sentencia del Prestige llegó una década después de que el chapapote lo tiñese todo de negro. Nosotros aprovechamos la llegada del veredicto para hacer memoria y volver hablar de las dos mareas, la del drama y la de la solidaridad. El resultado de la fusión de ambas nos la encontramos en un barco mejillonero de Cangas, su patrón todavía conserva el flotador con el nombre del Prestige. Él y su tripulación lo encontraron en plena lucha contra el fuel.

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