El verano de 2013, como ya tantos veranos, Ernesto y yo emprendimos un viaje de locura con la intención de pintar Venecia, con todas las botellas llenas, con toda la alegría disponible .Al regreso, cuando volvíamos en coche, tras largas horas de conversación y cuando las luces comenzaron a hacerse más cortas, se hizo el silencio en el coche. Cogí mi cámara y empecé a realizar disparos a través de la ventana.Llegado un instante,en el momento que ya comenzaba a anochecer, giré el dial de la cámara en una posición incorrecta y continué disparando. La cámara captó los continuos deslizamientos de las luces del tránsito de vehículos que circulaban por carreteras y autopistas. En cierta curva de la carretera, cuando la noche se nos echó encima, apague la cámara y continuamos adelante, en sigilo. Amaneció por quinta vez y no hubo disparos...de momento. Este es el resultado de aquel viaje.

Como el devenir de la cosas. Como la vida misma. Como el principio... y el final...

música:coque malla

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