"El mito del progreso indica que la civilización se ha movido, se mueve y se moverá en una dirección deseable. Progreso es inevitable... Filósofos, hombres de ciencia y políticos han aceptado la idea de la inevitabilidad del progreso."
Montague David Eder, "El mito del progreso", The British Journal of Medical Psychology 12, 1932: 1.

El progreso, la necesidad de avanzar y la voluntad de caminar a lo largo del desarrollo aparentemnte lineal que ocurre a través del tiempo son característicos de la modernidad. Mientras las cosas funcionen, no hay ninguna razón para cuestionar esa actitud de seguir la corriente, de empujar hacia lo más alto, más grande y mejor. Mientras que los antiguos pensadores chinos, griegos y romanos - incluso medievales- creían en la naturaleza cíclica de los acontecimientos, a más tardar desde la iluminación y la industrialización, la opinión de que el progreso es un desarrollo natural lineal, prevalece. El progreso es a menudo representado como imparable y la pregunta de por qué podría valer la pena considerar parar era - hasta hace poco gracias a Occupy y similares - raramente considerada. Con la supuesta victoria de la humanidad sobre la naturaleza y, por lo tanto, con la superación de cualquier posible escenario en el que podamos ser dominados por ella, nuestro destino ya no depende de factores externos y de coincidencia, sino que está en nuestras propias manos. El comienzo de la modernidad también marcó el surgimiento del homo economicus. La suposición de que los seres humanos son seres racionales, capaces de discernir y trabajar hacia su propio bien, como para el de los otros seres humanos, fue institucionalizada aún más.

El trabajo de Klara Lidén, The Myth of Progress (Moonwalk) [El Mito del Progreso (Moonwalk)], de 2008 puede ser visto como la antítesis desencantada a este paradigma. En el vídeo, la artista es filmada de perfil de cuerpo entero, mientras realiza el “Moonwalk” de noche por las calles vacías de Manhattan. Su movimiento es muy lento y ella se desliza a través del paisaje urbano a un ritmo diferente al del mundo que la rodea. Una melodía de piano melancólica acompaña las imágenes en movimiento; se asemeja a una marcha fúnebre o a una visión apocalíptica letárgica. El filme está rodado desde diferentes distancias y en ocasiones Lidén se ve desde el otro lado de la carretera con los coches pasando a toda velocidad y en dirección opuesta a su movimiento - hacia adelante -; otras veces vemos al fondo un tren que pasa rápidamente.

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