performance art

[English version below]

Todo empieza con
Todo empieza con
Todo empieza con
un gato que se estira en la ventana,
arquea la espalda y nos mira.
Negro, enorme como una cucaracha.
Enorme, negro como una cucaracha,
clava sus ojos en nosotros,
nos mira;
caemos dentro de su mirada.

[] Cuando escribo soy un animal
Cuando escribo
soy un animal.
O eso me gustaría.
Aquí, sobre este papel,
puedo olvidarme de todo y de todos,
no responder a la mínima ética.
Me basta con algo de ortografía y… tensión.
El resto del mundo duerme
–y si ellos duermen, no pueden juzgarme–
mientras escribo.
Ni estrellas ni luna; sólo este papel llenándose de tinta,
palabras con forma de frase,
el cuerpo como una cadena
un ancla
un barco hundido.
La conciencia, escucharla, es un error.
Todos deberíamos tener la capacidad de anular la conciencia,
inconscientes.
No tener pasado ni querer futuro.
Sin nombres.

Cada mañana, inventarnos una biografía.
Y cada mañana, un poco después del desayuno, conocer alguien a quién contársela.
Alguien con quién pasar el resto del día.
Sin pensar.
Sólo ahora.
Tampoco ayer.
Que esta noche no hubiera existido.
Que la voz se estuviese callada,
los murmullos
ciegos,
la luna
escondida,
las mentiras
lejos.
Una noche sin actos definitivos
donde el tiempo
pudiese cambiar de dirección.

[] Literatura es todo
Siempre, al despedirnos, tenía la sensación de que nos quedaban un millón de palabras por decir y, sin embargo, sabía que era mejor así.
No sé porqué, imagino que cada uno teníamos que ir por un lado, pero eso no es explicación suficiente para que se alargasen tanto las despedidas.
Levanté la mano, subrayando la frase anterior, haciendo hincapié en lo que habíamos estado hablando. Él estaba a punto de entrar al supermercado para comprar algo con lo que llenar el frigorífico y matar el hambre, cuando éste le hiciese levantarse del ordenador
(él también escribía en ordenador, intentó hacerlo en una Olivetti, pero no fue capaz: primero, le chirriaba el oír su desacompasado martilleo de las teclas y luego, el no poder corregir sobre la marcha).
Mierda y folklore. Poesía, contestó desde la puerta del supermercado, estás llamando folklore a la poesía.
Y agaché la cabeza y seguí caminando.
Caminaba deprisa, como si tuviera algo urgente que hacer.
Aquella noche, me esperaban Los detectives salvajes de Bolaño.
Laura conmigo, cogida de mi brazo y un sol traidor para ser enero, pero qué sé yo de soles en Galicia.
Creo que sonreí o volví a decir algo, no lo recuerdo, y luego me concentré en la mano de Laura en mi brazo, y él entró, y yo dije: hablamos.

Más información en lau2.org

English version by Pamela Craven

[] It all begins…
It all begins
It all begins
It all begins
with a cat stretching in the window,
its back arched, looking at us.
Black, as big as a cockroach.
Big, as black as a cockroach,
it fixes its gaze
on us
and we fall in.

[] When I write I'm an animal...
When I write
I'm an animal.
Or I'd like to be.
Here, on paper,
I can forget about everyone and everything,
and ignore the golden rule.
A little grammar and...tension...is enough.
The rest of the world is sleeping
-- and if they sleep, they can't judge--
while I write.
Neither moon nor stars, only this ink-filled paper,
words in the form of sentences,
the body, a chain
which anchors
a sinking ship.
Don't listen to your conscience. It's a mistake.
We should all be able to render it nul and void, the conscience,
unconscious.
No past, no future.
Nameless.

Each morning we would rebuild our life story.
And each morning, just after breakfast, we would find someone
to tell it to.
Someone to spend the day with.
Without thinking.
Living for today.
Not yesterday.
As if this night had never existed.
As if the voice were silent,
the mutterings
blind,
the moon
hidden,
the lies
distant.
An uneventful night
where time
could change direction.

[] Literature is everything
As usual, when we said good-bye, I had the impression that we had left a million things unsaid, and all same, I knew it was better like that.
I don't know why, I imagine that we each had to go our own way, but that is not sufficient reason for lengthy goodbyes.
I raised my hand, underlining the previous sentence, emphasizing something we had been talking about. He was heading to the supermarket to buy something to fill the fridge in case his hunger forced him to get up from the computer
(he also wrote on a computer, he had tried an Olivetti, but it was impossible: first, the out-of-synch hammering of the keys annoyed him and then, he couldn't correct as he went along).
Shit and kitsch. Poetry, he answered from the entrance to the supermarket, you are calling poetry kitsch.
I hung my head and kept walking.
I walked quickly, as if I had something important to do.
That night, The Savage Detectives by Bolaño was waiting.
Laura with me, holding onto my arm, and a traitorous sun for January, but what do I know about the sun in Galicia.
I think I smiled or started to say something, I don't remember, and then I concentrated on Laura's hand on my arm, and he came in, and I said: let's talk.

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